16.1.12

mi vida con la ola: apuntes para una historia de la poesía marina

para mi hermano pedro, que me enseñó el mar.

el mar es siempre semejante a sí mismo. abarcarlo es imposible porque empieza y termina en cualquier lugar. sus bordes son borrosos y cambiantes, a su paso le da forma a un mundo que se resiste a quedarse quieto. pacheco lo dijo así:

digamos que no tiene comienzo el mar
empieza donde lo hallas por vez primera
y te sale al encuentro por todas partes.

y paz algo semejante en los siguientes versos:

¿dónde principias, mar, dónde te viertes?,
¿dónde principias, tiempo, vida mía,
ejército de humo y de mentira,
a dónde vas, latido, carne, sueño?

quizá esa vastedad es la fuente del ímpetu que le permite al mar levantarse y caer y volverse a levantar perpetuamente. es difícil no sentirse intimidado la primera vez que lo tenemos frente a nosotros y es difícil también no sentir el impulso incontrolable de sumergirnos en él. el señor gordon, personaje principal –casi único– del hermosísimo poema ‘muerte en la rúa augusta’ de tedi lópez mills, se sintió ofendido la primera vez que vio el mar en newport beach:

gordon se fue acercando a la orilla con cautela,
como un cazador astuto (se dijo a sí mismo)
que no sabe si matar o perdonar
a su presa movediza, timorata.
‘¿quién eres?, le espetó al mar,
porque alguien se removía allá dentro,
alguien hacía ruido en el agua,
complicaba el silencio
en la esfera perfecta de ese domingo
tan preparado por gordon en su mente
(…)

‘¿qué pide?, preguntó gordon con la mueca
ya caída como una boca postiza.
vio la cabeza de donna en el agua
atravesada por un destello diagonal
y se sintió ofendido.

el mar es gigante y minúsculo, absoluto e insignificante, tranquilizante y desolador. sus olas están siempre indecisas y en esa indecisión muchos han encontrado el ritmo de la poesía. ¿podemos decir que tiene una forma? ¿o, precisamente porque no la tiene, caben en él todas las formas imaginables? en ‘frente al mar’ paz lanza una pregunta sobre las olas:

¿la ola no tiene forma?
en un instante se esculpe
y en otro se desmorona
en la que emerge, redonda.
su movimiento es su forma.

su movimiento es su forma, señala, y yo pienso que su movimiento es también su sonido. el mar canta en silencio y su canción es la música del mundo, o mejor: el mar calla y en ese silencio el mundo canta. hay algo nuestro en la cadencia de sus olas, algo en sus profundidades que funciona como espejo. carlos pellicer, uno de los poetas mexicanos que más versos han dedicado al mar, lo veía con entusiasmo, amorosamente. en el siguiente poema nos invita a saludarlo:

saludemos al mar de perpetuo entusiasmo,
bravo de rotación!
lo aclama el viento y lo miran los astros.
saludemos al mar que tiene siempre una nueva expresión.
(…)

el mar desmesurado
lleno de viejos júbilos y fúnebres contiendas.
mar: tú dices mis versos
en tus olas lánguidas y aguerridas
que en las albas flamantes,
despiertan brutalmente la playa adormecida.

pocos años después de que este poema fuera escrito villaurrutia le dedicó al océano uno de sus nocturnos más hermosos. en él el mar es un veneno mortal que no mata, un mudo que grita por las noches, un animal lento, prisionero que teje las paredes mismas que lo atrapan:

mar sin viento ni cielo,
sin olas, desolado,
nocturno mar sin espuma en los labios,
nocturno mar sin cólera, conforme
con lamer las paredes que lo mantienen preso.

el mar duele. en 1948 gilberto owen escribió ‘sindbad el varado’, un poema en forma de bitácora que está compuesto por veintiocho entradas que trazan un viaje marítimo a lo largo de los veintiocho días de febrero. narrado por un náufrago, este viaje es también un recorrido solitario por el desamor, un hermoso canto a la pérdida:

día primero: el naufragio
esta mañana te sorprendo con el rostro tan desnudo
que temblamos;
sin más que un aire de haber sido y sólo estar, ahora,
un aire que te cuelga de los ojos y los dientes,
correveidile colibrí, estático
dentro del halo de su movimiento.
y no hablas. no hables,
que no tienes ya voz de adivinanza
y acaso te he perdido con saberte,
y acaso estás aquí, de pronto inmóvil,
tierra que me acogió de noche náufrago,
y que al alba descubro isla desierta y árida;
y me voy por tu orilla, pensativo, y no encuentro
el litoral ni el nombre que te deseaba en la tormenta.

acaso el concepto del naufragio es atractivo porque representa el riesgo siempre presente en la navegación. del mismo modo, la isla desierta ha simbolizado este peligro, pero ha sido también refugio del náufrago y remanso de paz para quienes buscan un momento a solas consigo mismos. francisco hernández, por ejemplo, escogió usar un archipiélago como metáfora del pensamiento en su poemario ‘la isla de las breves ausencias’. en él narra su recorrido solitario por un conjunto de islas pequeñas (la isla morgue, la isla de la vieja linterna, la isla fogata, la isla de la lengua sangrante) en donde navega por el conjunto de pasiones y manías humanas que, a fin de cuentas, son el infierno que todos compartimos. en el poema número 42 de ese libro el poeta escribe:

esta mañana el mar engulló una isla.
era una isla pequeña, sin atracaderos ni muelles,
rodeada, en vez de playas, por pantanos.
del remolino por donde se fue, aún quedan círculos.
dos estatuas de sal la transportaban en sus brazos con
pesadumbre, tal vez con la conciencia de atestiguar el
viaje de un amor deshecho.

y en el número 62:

la muerte es una isla, pensé.
una isla idéntica a un cementerio.
alrededor de ella flotamos algún tiempo y a eso llamamos vida.

para los que habitan en ciudades de puerto o se dedican a la navegación, el mar marca el tiempo y las estaciones. basta con pensar, ¿cuántos poemas se habrán escrito sobre el amor de los marineros? el primero que me viene a la mente es el farewell de neruda:

(amo el amor de los marineros
que besan y se van.
dejan una promesa.
no vuelven nunca más.

en cada puerto una mujer espera:
los marineros besan y se van.

una noche se acuestan con la muerte
en el lecho del mar).

de algún modo todos somos el marinero de ese poema, prometiendo siempre lo que está más allá de nuestro alcance para después escapar. el mar nos seduce justamente porque no lo poseemos, no podríamos poseerlo porque su territorio es tan inabarcable como la vida misma. al mirarlo, por un breve instante se nos entrega para cargarnos después con la nostalgia de su partida. irónicamente estas notas son, potencialmente, tan vastas como el mar mismo y podrían extenderse millones de páginas. todos lo sabemos, el mar es mucho más que simplemente el mar: es ciudad, laberinto, libro, jardín, es un camino que lleva a cualquier sitio. óscar de pablo lo dice bella, atinadamente en su poema ‘marineros’:

el mar es una ciudad hecha de lucecitas. y su marea lo va desenredando en mares. y es también un desierto que se crispa de flechas, de luces y de espumas. y se alza de cerveza. y se queda dormido como un tronco. y despierta ciudad. y son veinte millones de arcos tensos, cada uno con su flecha. y es una maquinaria. y es una enredadera estrangulada
por su trama de hilos.

el mar es todo eso y –lo sabe el poeta– cualquier cosa más.

––––––

para quien quiera consultarlos de primera mano, los poemas citados en este texto son:

para el título: octavio paz | mi vida con la ola (cuento corto).
josé emilio pacheco | mar eterno.
octavio paz | mar por la tarde.
tedi lópez mills | muerte en la rúa augusta.
octavio paz | frente al mar.
carlos pellicer | saludemos al mar…
xavier villaurrutia | nocturno mar.
gilberto owen | sindbad el varado (bitácora de febrero).
francisco hernández | números 42 y 62 de ‘la isla de las breves ausencias’.
pablo neruda | farewell.
óscar de pablo | marineros.

3 comentarios:

pablocollada dijo...

Permítome añadir un pequeño texto del Conde de Lautreamont:

Viejo océano, eres el símbolo de la identidad: siempre igual a ti mismo. Nunca cambias de una manera esencial, y, si tus olas están en alguna parte furiosas, más lejos, en alguna otra zona, se hallan en la más completa calma. No eres como el hombre, que se detiene en la calle para ver cómo se atenazan por el cuello dos dogos y no se detiene cuando pasa un entierro, que por la mañana es asequible y por la tarde está de mal humor, que ríe hoy y mañana llora. ¡Te saludo, viejo océano!

iz dijo...

todísima la razón en ese párrafo. mis abrazos, pabli.

Rosigerante dijo...

"La paz se adueñó de Clarissa, haciendo que se sintiera tranquila y satisfecha mientras la aguja, estirando dulcemente la seda hasta el final de su sosegado recorrido, reunía los pliegues verdes y los sujetaba suavemente a la cintura. Así, en un día de verano, las olas se reúnen, pierden el equilibrio y caen; y el mundo entero parece estar diciendo "eso es todo" cada vez con más fuerza, hasta que incluso el corazón del cuerpo que está tumbado al sol en la playa dice también "eso es todo". No debes temer ya, dice el corazón, entregando su carga a algún mar que suspira colectivamente por todos los sufrimientos y renueva, comienza, reúne y deja caer. Y tan sólo el cuerpo pasa, la ola que rompe, el perro que ladra, que ladra una y otra vez a lo lejos." La señora Dalloway, Virginia Woolf.

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