17.6.08

PM2

SOBRE LA MUERTE DE SU PADRE, MI ABUELO
Un amigo me dijo: "ahora es terrible, pero después de peor; de la muerte del padre nadie se recupera". Y sí, también Freud lo dejó escrito. La muerte del padre marca un parteaguas en la vida de todo hombre, nadie es el mismo luego de sufrirla. Cuando el padre muere, el hijo crece; ya no es hijo, ocupa otro lugar. ¿Y la hija? Mi primera sensación, que persiste, es la de desamparo. Ya no está allí, siempre allí, su voz con el consejo certero y desinteresado; sE acabó -ya es polvo en el polvo- su mano firme y presta a sostenerme en todo momento; ya no hay protección que valga, ni seguridad de que nada puede ocurrirme. Falta él en la casa familiar; su figura cálida y su presencia silente pero incuestionable se volvieron tierra y memoria. Pero la memoria no basta, aunque digan que nadie muere del todo mientras existan otros que lo recuerden. Lo cuerto es que papá no está, que el "nosotros" familiar quedó incompleto; que en su oficina está otro hombre; que en casa su mecedora está vacía. Lo cierto es que a mi pluma se le acabó la tinta.

1 comentario:

Guillermo dijo...

Gran fragmento

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