16.4.08

365 días sin ella

hoy hace un año, a esta misma hora, estaba sentada en el sillón de su cuarto viéndola descansar, esta vez definitivamente. lo único que quería era morirme con ella. no en sentido figurativo, en realidad tenía ganas de acostarme junto a su cuerpo frío y descansar junto a ella por el resto de los tiempos. ya no. hoy la recuerdo mucho más dulcemente. recuerdo la ternura y paciencia con que escuchaba los cuentos que yo inventaba a las 4 años sobre el terrible lobo del ártica. tengo la imagen clara de los domingos en coyacán, domingos de helados, libros y globos. extraño como nada esos días de mi infancia, cuando mi mamá era perfecta, eterna e invencible. cuando sus pasos junto a los míos eran ágiles y decididos, los tengo en la mente porque aprendí a caminar a ese ritmo. recuerdo las películas que veíamos juntas, eran las mismas cada vez: alicia en el país de las maravillas, el oso, las brujas, los sueños. las rentábamos en videocentro y a veces hacíamos palomitas en una cazuela.

hay días en que los recuerdos caen en mi cabeza tiernamente como lluvia de abril. no podría mantenerme en pie sin eso. también hay días en que los trozos de memoria caen como gotarrones espesos desde una gran nube perversa. recuerdo entonces las peleas, las cosas que nunca debí haberle dicho, su cara desencajada por el dolor, las agujas, las largas esperas en el doctor, la desesperanza.

escribir sobre todas estas cosas es doloroso, son piquetes en el corazón y en la punta de los dedos. es mejor pensar en otra cosa, en la tarea, el trabajo, en que hay que comprar comida de las perras para poder seguir funcionando. porque si me detuviera en estos pensamientos, si me pusiera a contar los momentos de este año en que he sentido un agujero negro en el centro del pecho, los ratos en que he necesitado desesperadamente su consejo, los relámpagos de desamparo en que he vuelto a desear dormir junto a ella para siempre... si me preguntara insistentemente el porqué de todo lo que pasó... entonces no podría siquiera escribir esta página. pero la escribo. lo hago como homenaje a ella, que nada hubiera sufrido más en la vida que ser un peso -una tristeza permanente- para nosotros.


ya pasó un año, mamá. las lágrimas vienen cada tercer día, en los momentos en que menos me las espero. voy aprendiendo a manejarlas. cuando te pienso, la luz le gana cada vez más espacio a la oscuridad. sé que no querías echar sombra sobre nosotros, sé que luchaste tanto como pudiste. perdón por no me darme cuenta de eso. te adoro, y lo más luminoso que tengo de ti nadie me lo quita. gracias.

1 comentario:

Morocco dijo...

Te quiero

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